El omega-3 lleva veinte años ocupando el mismo hueco en el botiquín: la cápsula que uno toma porque «no puede hacer daño». La investigación de los últimos años ha complicado esa idea, y lo ha hecho por un flanco que casi nadie esperaba. No por el hígado ni por el sangrado, sino por el ritmo cardíaco.
Conviene empezar separando dos cosas que se confunden a diario en el mostrador de la farmacia: la dosis que se obtiene comiendo y la dosis que se estudia como fármaco. Las autoridades europeas manejan una referencia de unos 250 mg diarios de EPA+DHA para población general, una cantidad que se cubre con dos raciones semanales de pescado azul. Los ensayos de los que vamos a hablar trabajan con 1,8 g y con 4 g al día. Estamos hablando de órdenes de magnitud distintos, con perfiles de riesgo distintos.
Qué midió cada ensayo
REDUCE-IT
Publicado en 2018, incluyó a algo más de 8.000 pacientes con triglicéridos elevados (entre 135 y 499 mg/dl), enfermedad cardiovascular establecida o diabetes con factores de riesgo, y todos ellos ya tratados con estatinas. Recibieron 4 g diarios de icosapento de etilo, que es EPA puro en forma de éster etílico, sin nada de DHA.
El resultado fue llamativo: una reducción de en torno al 25 % en el riesgo relativo del objetivo principal combinado. Los triglicéridos bajaron alrededor de un 20 % respecto al grupo placebo. Un detalle que suele pasarse por alto: el beneficio apareció con independencia de que el paciente alcanzara o no cifras normales de triglicéridos, lo que sugiere que el mecanismo no era solo lipídico.
En la letra pequeña, dos señales. Las hospitalizaciones por fibrilación auricular o flutter fueron del 3,1 % con EPA frente al 2,1 % con placebo. Y los episodios hemorrágicos serios también fueron algo más frecuentes.
STRENGTH
Con más de 13.000 participantes y un diseño parecido, este ensayo usó 4 g diarios de una formulación de ácidos carboxílicos que combinaba EPA y DHA. Se detuvo antes de tiempo por futilidad: no había ningún beneficio que esperar. La fibrilación auricular apareció en el 2,2 % del grupo tratado frente al 1,3 % del grupo control.
OMEMI
El más pequeño de los tres, con algo más de 1.000 pacientes ancianos que habían sufrido un infarto reciente. Dosis intermedia, en torno a 1,8 g diarios de EPA+DHA. Sin beneficio sobre los eventos cardiovasculares. Y de nuevo la misma sombra: la fibrilación auricular de nueva aparición prácticamente dobló su frecuencia en el grupo tratado, aunque el tamaño del estudio no permitía darle valor concluyente por sí solo.
El asunto del aceite mineral
Aquí está la parte que más discusión ha generado. REDUCE-IT utilizó aceite mineral como placebo, y ese aceite no se comportó de forma neutra: en el grupo control, el colesterol LDL subió cerca de un 10 % y los marcadores de inflamación aumentaron de forma apreciable a lo largo del seguimiento.
Si el comparador empeora, la diferencia entre ambos brazos se agranda sin que el tratamiento haya hecho todo el trabajo que se le atribuye. Nadie sostiene que ese efecto explique el 25 % entero, pero sí es razonable pensar que una parte del beneficio observado procede del deterioro del grupo placebo. STRENGTH usó aceite de maíz, más inerte, y no encontró beneficio alguno. Esa discrepancia entre los dos grandes ensayos sigue sin resolverse del todo, y quien diga lo contrario está simplificando.
La señal de arritmia depende de la dosis
Cuando se agrupan los ensayos disponibles, el patrón se ordena. Los análisis conjuntos publicados en 2021 encontraron un aumento del riesgo de fibrilación auricular de en torno a un 25 % con la suplementación de omega-3, y ese exceso se concentraba claramente en los estudios que usaban más de un gramo diario. Por debajo de esa cifra, la señal se diluye.
El dato que cierra el círculo viene de VITAL, un ensayo de casi 26.000 personas de población general con 840 mg diarios. Su análisis específico de arritmias no encontró un exceso de fibrilación auricular. Lo mismo ocurrió en ASCEND, con un gramo al día en personas con diabetes: ni beneficio vascular ni señal arrítmica.
El mecanismo no está establecido. Se han propuesto cambios en la composición de las membranas de los miocitos auriculares y en las corrientes iónicas, pero de momento es una hipótesis razonable, no una explicación demostrada.
El criterio práctico
Con lo que hay sobre la mesa, la lectura para cada perfil queda bastante delimitada:
- Persona sana que quiere cuidarse. Comer pescado azul dos veces por semana. No hay ningún argumento sólido para tomar cápsulas a dosis altas en prevención primaria, y sí una señal de arritmia que no compensa asumir a cambio de nada.
- Suplementación de mantenimiento, en torno a 250-1.000 mg diarios. Es donde vive la inmensa mayoría de los productos de venta libre. A esas dosis la señal de fibrilación auricular no aparece en los datos disponibles. Tampoco aparece un beneficio cardiovascular relevante, conviene decirlo.
- Hipertrigliceridemia con riesgo cardiovascular alto y estatina ya en marcha. Es el único escenario donde 4 g diarios de EPA puro tienen respaldo regulatorio en Europa. Es una decisión médica, con receta, seguimiento y valoración individual del riesgo arrítmico.
- Antecedentes de fibrilación auricular o palpitaciones frecuentes. Motivo para hablarlo con el cardiólogo antes de tomar nada por cuenta propia, sobre todo si el bote supera el gramo por dosis diaria.
Una advertencia práctica que suele olvidarse: quien esté anticoagulado o tome antiagregantes debe contar las cápsulas de omega-3 como parte de la ecuación de sangrado, no como un extra inocuo al margen del tratamiento.
Este artículo describe evidencia publicada y no sustituye la valoración de tu médico, que es quien conoce tu historia y tus analíticas.
