Colágeno: qué dosis y con qué tomarlo para que llegue a hacer algo

Un hombre de cuarenta y seis años entra en la consulta del fisio con el mismo dolor de tendón rotuliano de hace tres meses. Trae el bote en la mochila, como quien enseña una radiografía. «Llevo desde marzo tomándolo.» El fisio le pregunta cuánto se echa. «Una cucharadita, con el café de después de cenar.» Pesan la cucharadita: dos gramos y medio escasos. Y la cena es a las diez, doce horas después de la única vez en el día en que ese tendón recibe carga.

No es que el colágeno no haga nada. Es que la mayoría de las pautas caseras se parecen muy poco a las de los estudios que la gente cita para justificarlas. Y como proteína, el colágeno es mediocre: le falta triptófano y anda corto de aminoácidos esenciales. Si la pauta no se acerca a la de los ensayos, el bote es una fuente cara de glicina.

Dos gramos y medio a diez gramos, y ocho semanas de reloj

El rango que aparece una y otra vez en los ensayos de péptidos de colágeno hidrolizado va de 2,5 a 10 g al día. En piel, el trabajo de Proksch y su equipo (Skin Pharmacology and Physiology, 2014) usó 2,5 y 5 g diarios durante ocho semanas y midió elasticidad cutánea con un cutómetro, no con fotos antes y después. Las revisiones que agrupan la veintena larga de ensayos publicados desde entonces coinciden en dos señales razonablemente consistentes —hidratación y elasticidad— y en una tercera mucho más floja, las arrugas.

En dolor articular el rango es parecido, entre 5 y 10 g, y el efecto que se ve es sobre dolor referido por el paciente, no sobre el cartílago visto en imagen. Nadie ha enseñado un cartílago regenerado en una resonancia por tomar colágeno.

Lo que sí es innegociable en todos ellos es el tiempo. Ocho semanas es el suelo; doce es lo habitual. Quien lo deja a las tres semanas porque «no nota nada» está abandonando antes de la primera medición de cualquiera de esos estudios.

El protocolo de Shaw, el que casi nadie replica

En 2017, Gregory Shaw y sus colegas publicaron en The American Journal of Clinical Nutrition el trabajo que más se cita y peor se aplica. Dieron a los participantes gelatina —5 o 15 gramos— con 50 mg de vitamina C, y les hicieron esperar una hora. Solo entonces saltaban seis minutos a la comba. Seis. La secuencia importa: el aminoácido tarda en aparecer en sangre y la carga mecánica es la que dirige ese material hacia el tendón que está trabajando.

El marcador de síntesis de colágeno en sangre subió, y más en el grupo de 15 gramos. En paralelo, sobre un modelo de ligamento cultivado en laboratorio, el suero de esos participantes mejoró las propiedades mecánicas del tejido.

Ahí está la traducción práctica que casi nadie hace: no es «tomarse el colágeno», es tomarlo con vitamina C, una hora antes de cargar el tendón que duele, y después cargarlo de verdad. El estímulo es el ejercicio. El bote solo pone el ladrillo. Un hombre que se lo toma tras la cena, sentado, le está dando material a un cuerpo que en ese momento no está construyendo nada concreto.

Los tres formatos, uno al lado del otro

Formato Dosis de los estudios Para qué hay señal Cómo se toma
Péptidos hidrolizados 2,5–10 g/día Hidratación y elasticidad de la piel; dolor articular referido A diario, mínimo 8–12 semanas. La hora del día importa poco si no hay carga asociada
Gelatina + vitamina C (protocolo Shaw) 15 g gelatina + 50 mg vit. C Marcadores de síntesis de colágeno alrededor de la carga de tendón Una hora antes del ejercicio, con carga real después
Colágeno tipo II no desnaturalizado (UC-II) 40 mg/día Molestia y movilidad de rodilla en ensayos pequeños Dosis única diaria; no se mezcla con el hidrolizado, es otra vía

El tipo II no desnaturalizado juega en otra liga

Cuarenta miligramos frente a diez gramos. La diferencia de escala delata que no hacen lo mismo. El colágeno tipo II no desnaturalizado no aporta material: la hipótesis es inmunológica, una tolerancia oral mediada por el tejido linfoide del intestino que reduciría el ataque autoinmune sobre el cartílago. Si se hidroliza, se pierde la estructura y con ella el mecanismo, así que no tiene sentido comprarlo «por si acaso» junto al otro.

Los ensayos que lo respaldan —el de Lugo y colaboradores en 2016 es el más manejado— son pequeños, con muestras de decenas de personas, y salen del entorno del fabricante del ingrediente. La señal existe. La solidez es otra conversación.

Marino no significa mejor

El argumento de venta suele ser el peso molecular: péptidos más pequeños, mejor absorción. El detalle que se omite es que el hidrolizado bovino o porcino de calidad también se corta en di y tripéptidos —el Pro-Hyp es el que aparece en sangre en todos ellos— y que ningún ensayo comparativo directo ha demostrado que el origen marino rinda más en piel o en articulación.

Lo que sí cambia con el marino es el perfil de riesgo: alergia a pescado, y una vigilancia sobre metales pesados que depende enteramente de que el fabricante analice lote a lote y lo publique. Si alguien lo elige por razones religiosas o dietéticas, tiene sentido. Por rendimiento, se está pagando un sobreprecio por el adjetivo.

Quién firma los cheques de la literatura

Casi todos los ensayos de colágeno oral están financiados por los fabricantes del ingrediente. No solo el dinero: con frecuencia el producto, el diseño y algún firmante. Eso no invalida los resultados, pero encaja con lo que se ve al mirar el conjunto: efectos pequeños, medidos con herramientas que el propio patrocinador ha elegido, y muy pocos estudios independientes que hayan intentado reproducirlos.

Traducido a decisión de compra: el colágeno tiene un perfil de seguridad bueno y un efecto modesto que probablemente exista en piel y en molestia articular. Antes de comprarlo conviene cubrir la proteína total del día —si alguien no llega a su gramo por kilo, ese dinero rinde más en proteína completa— y, en articulaciones y tendones, aceptar que el trabajo lo hace la carga progresiva y que el bote solo acompaña. Quien tome anticoagulantes o tenga enfermedad renal avanzada, que lo comente con su médico antes, como con cualquier aporte proteico añadido.

Al hombre del tendón rotuliano el fisio le cambió tres cosas: quince gramos con un vaso de zumo de naranja, una hora antes de la sesión de sentadilla lenta, y la promesa de no volver a preguntar hasta dentro de tres meses.

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