Prueba una cosa antes de seguir leyendo. Durante los próximos cinco segundos, no pienses en un oso blanco.
Ya está. Eso que acaba de pasar lleva estudiado desde 1987 y tiene consecuencias concretas para cualquiera que esté intentando cambiar lo que come, dejar de fumar o quitarse una costumbre.
El experimento
El trabajo lo firman Daniel Wegner, David Schneider, Samuel Carter y Teri White y se publicó en 1987 en el Journal of Personality and Social Psychology.
A un grupo de personas se les pidió que hablaran en voz alta durante cinco minutos, diciendo todo lo que se les pasara por la cabeza, con una sola condición: no pensar en un oso blanco. Tenían una campana delante y debían tocarla cada vez que el oso apareciera.
No pudieron. La campana sonó una y otra vez.
Y viene lo interesante. Después, a esas mismas personas se les pidió lo contrario: que pensaran en el oso blanco durante otros cinco minutos. Pensaron en él más veces que un grupo al que se le había permitido pensar en el oso desde el principio.
Es decir: prohibírselo primero hizo que después apareciera más.
Por qué pasa
La explicación que dio Wegner, y que formalizó en 1994 como teoría de los procesos irónicos, es que suprimir un pensamiento necesita dos procesos a la vez y solo uno de ellos es voluntario.
Uno busca activamente otra cosa en la que pensar. El otro, automático, comprueba cada poco si el pensamiento prohibido ha vuelto. Y para comprobar si estás pensando en el oso blanco, hay que traer el oso blanco a la cabeza.
El vigilante es el que trae lo que se quería evitar.
Dónde se nota esto en la vida real
El caso de manual es aprender a esquiar: «no vayas contra ese árbol». El que va a abrazarse al árbol es exactamente el que se lo repitió.
Y en lo que nos ocupa aquí, aparece en cada dieta que se plantea como una lista de prohibiciones. «No comas dulce» funciona igual de bien que «no pienses en el oso blanco», que es decir: no funciona, y encima deja el dulce dando vueltas todo el día.
Qué se hace en su lugar
Lo que se desprende del propio mecanismo es que la instrucción tiene que ser en positivo y concreta, para que el proceso voluntario tenga algo que hacer y el vigilante se quede sin trabajo.
- Sustituir en vez de prohibir. «A media tarde, fruta» dice qué hacer. «Nada de dulce» solo dice qué vigilar.
- Cambiar el entorno antes que la fuerza de voluntad. Lo que no está en casa no hace falta suprimirlo.
- Dejar aparecer el pensamiento sin pelearse con él. Es la base de los enfoques de aceptación, y va en dirección contraria a la supresión.
Lo que no se sabe
El experimento del oso blanco es sólido y se ha repetido muchas veces, pero el tamaño del efecto rebote se discute. Hay revisiones que lo encuentran pequeño y estudios que no lo reproducen en todas las condiciones, y no está claro cuánto se traslada de un laboratorio, con un oso blanco y cinco minutos, a una persona intentando cambiar su alimentación durante meses.
Lo que sí se sostiene es lo de partida: prohibirse un pensamiento no es una estrategia neutral. Como poco, no ayuda; y hay motivos para pensar que a veces empuja en la dirección contraria.
Fuente: Wegner, D. M., Schneider, D. J., Carter, S. R. y White, T. L. (1987). Paradoxical effects of thought suppression. Journal of Personality and Social Psychology, 53(1), 5.
