Plantas que sí pueden dañar el hígado: cúrcuma, té verde y ashwagandha en los registros de hepatotoxicidad

Cuando alguien ingresa con las transaminasas disparadas y sin una causa evidente, existe una red de registros clínicos que recoge el caso, lo documenta y lo clasifica. En Estados Unidos funciona el DILIN (Drug-Induced Liver Injury Network); en España, el Registro Español de Hepatotoxicidad, coordinado desde Málaga desde los años noventa. Su trabajo consiste en distinguir el daño hepático causado por un producto del causado por un virus, el alcohol o una enfermedad autoinmune.

Lo llamativo de la última década es de dónde vienen cada vez más casos. En el DILIN, la proporción atribuida a productos de herboristería y complementos alimenticios pasó de en torno al 7 % en los primeros años del registro a alrededor del 20 % en las series posteriores. El registro español ha descrito una tendencia parecida: los medicamentos siguen siendo mayoría, pero la parcela de los productos de venta libre ya no es anecdótica.

Cúrcuma: el problema empieza cuando se concentra

La cúrcuma en polvo lleva siglos en la cocina del sur de Asia y no aparece en los registros. Lo que aparece son los complementos de curcumina, y sobre todo los que llevan piperina, el alcaloide de la pimienta negra que se añade precisamente porque la curcumina se absorbe fatal por sí sola. El estudio clásico de 1998 en voluntarios describió que la piperina multiplicaba de forma muy notable la biodisponibilidad de la curcumina. Ese es el objetivo del producto: convertir una molécula que apenas se absorbe en una que sí llega a sangre.

El DILIN publicó en 2023 una serie de casos de daño hepático asociado a suplementos de cúrcuma, con patrón mayoritariamente hepatocelular, latencia de semanas a meses y algún caso grave. En varios de esos pacientes se encontró el alelo HLA-B*35:01, un marcador inmunológico que apunta a una reacción idiosincrásica: no le pasa a cualquiera, le pasa a quien tiene una predisposición que no sabe que tiene.

Qué significa esto en la práctica

Poner cúrcuma en las lentejas no está en discusión. Tomar a diario una cápsula de extracto estandarizado con piperina o con formulación fitosomal es otra exposición distinta, en cantidad y en absorción, y es la que aparece en los informes.

Extracto de té verde: la cuestión está en el EGCG

Con el té verde ocurre algo parecido y está mejor cuantificado. En 2018, la EFSA revisó las catequinas del té verde y concluyó que las dosis de 800 mg diarios o más de EGCG procedentes de complementos alimenticios se habían asociado con elevaciones de las transaminasas. Sobre la infusión preparada de forma tradicional, la valoración fue distinta: no identificó ese problema de seguridad.

La diferencia es de escala. Una taza de té verde aporta una cantidad de EGCG que está muy lejos de esas cifras, repartida además a lo largo del día y con comida. Un extracto concentrado, con frecuencia consumido en ayunas porque así lo indica la etiqueta de los productos de control de peso, concentra en una toma lo que la planta reparte en litros de infusión. El DILIN también ha descrito la asociación con HLA-B*35:01 en los casos de extracto de té verde, lo que refuerza la idea de una susceptibilidad individual.

Ashwagandha: los avisos nórdicos

La ashwagandha (Withania somnifera) es el caso más reciente de los tres. En 2020 se publicó una serie de casos de daño hepático asociado a ashwagandha reunida entre Islandia y el propio DILIN, con patrón mixto o colestásico, ictericia y prurito, y recuperación tras la retirada del producto. En paralelo, la evaluación de riesgo del instituto de alimentación danés desaconsejó su consumo, y no solo por el hígado: también por efectos potenciales sobre la función tiroidea, las hormonas sexuales y el embarazo.

Aquí la planta no se toma como alimento en ningún sitio de Europa, así que la comparación con la especia no aplica. Lo que sí aplica es la comparación entre el polvo de raíz usado tradicionalmente y los extractos estandarizados actuales, seleccionados por su contenido en withanólidos y vendidos como reguladores del estrés y del sueño.

El patrón común

Al leer los tres bloques de casos seguidos aparecen unos cuantos rasgos repetidos:

  • Extracto, no planta. Los casos casi nunca vienen del alimento ni de la infusión, sino del producto concentrado y estandarizado.
  • Potenciadores de absorción. Piperina, fitosomas, formulaciones oleosas. Todo lo que hace que el compuesto llegue mejor a sangre hace también que llegue mejor al hígado.
  • Reacción idiosincrásica. Latencia de semanas a meses, sin relación lineal con la dosis en muchos casos, y marcadores genéticos que empiezan a explicar por qué le ocurre a unos pocos.
  • Producto invisible en la consulta. Mucha gente no menciona los complementos cuando le preguntan qué toma, porque no los considera medicación.
  • Pronóstico habitualmente bueno al retirar. La mayoría se recupera al suspender el producto, aunque en las series hay casos de fallo hepático agudo y trasplante.

Un análisis publicado en 2024 estimó que unos 15,6 millones de adultos estadounidenses habían consumido en el último mes al menos uno de seis botánicos con potencial hepatotóxico documentado, entre ellos la cúrcuma, el té verde y la ashwagandha. Con una exposición de esa magnitud, incluso una tasa muy baja de reacción individual produce un número absoluto de casos que se nota en los registros.

Señales que conviene no dejar pasar

Orina oscura, heces claras, ictericia en piel u ojos, picor persistente, cansancio desproporcionado, náuseas o dolor en el hipocondrio derecho. Si aparecen durante las semanas o meses siguientes al inicio de un complemento, el primer paso razonable es suspenderlo y consultar, llevando el bote a la consulta. La analítica hepática básica es barata y rápida, y la retirada precoz es lo que mejor predice la evolución en las series publicadas.

Nada de esto convierte a la cúrcuma, al té verde o a la ashwagandha en productos peligrosos por definición. Sitúa el riesgo donde los registros lo encuentran: en la forma concentrada, en el uso prolongado sin control analítico y en la asunción de que lo botánico no puede pasar factura. Si alguien tiene una hepatopatía previa, toma medicación de metabolismo hepático o va a mantener el complemento durante meses, la conversación con su médico y un control de transaminasas antes y a las ocho o doce semanas son medidas proporcionadas.

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