Llevamos 59.000 años intentando que deje de dolernos una muela

Hay dolores que no han cambiado en cincuenta mil años. El de muelas es uno de ellos, y acaba de aparecer la prueba más antigua que se conoce de alguien haciendo algo al respecto.

Se trata de un molar de adulto encontrado en la cueva de Chagyrskaya, en el Altái siberiano, en una capa de unos 59.000 años. Lo ha estudiado el equipo de la antropóloga Alisa Zubova, de la Academia Rusa de Ciencias, y el trabajo salió en mayo en una revista científica con revisión por pares.

Qué tiene ese diente

Una cavidad profunda, en el centro, que llega hasta la cámara pulpar: la parte de dentro donde están el nervio y los vasos sanguíneos. Cualquiera que haya llegado a ese punto sabe de qué clase de dolor hablamos.

Lo interesante es que el agujero no lo hizo la caries. Al mirarlo con microtomografía y estudiar las marcas, el equipo encontró surcos y bordes que no aparecen en una lesión natural, y reprodujo el gesto experimentalmente: la cavidad es compatible con un perforador de piedra girando.

Y antes de eso, un palillo

En el lateral del mismo molar hay otras marcas distintas, de las que deja el uso repetido de un palillo. Es decir, esa persona llevaba tiempo con el problema y probó más de una cosa.

Eso es lo que a mí me parece lo más humano de todo el hallazgo. No es la técnica: es la secuencia. Primero hurgar con algo fino, por si sale lo que molesta. Y cuando eso no basta, algo más drástico.

Cuánto se adelanta

El caso documentado más antiguo hasta ahora era un Homo sapiens italiano de hace unos 14.000 años. Este lo adelanta unos cuarenta mil.

Lo que no dice

No dice que hubiera dentistas neandertales, ni consultas, ni oficio. Es un individuo y un diente. El uso de palillo ya se conocía en neandertales —en España hay un caso descrito en la Cova Foradà, en Valencia—, así que lo nuevo aquí no es la higiene: es el taladro.

Lo que sí sugiere el equipo, y es la parte que cuesta más de digerir, es lo que hace falta para llegar a ese gesto: identificar de dónde viene el dolor, entender que se puede quitar, elegir la herramienta adecuada y tener el pulso para usarla dentro de una boca. Eso es una cadena de decisiones, no un manotazo.

De dónde salen los datos

El estudio se publicó el 13 de mayo de 2026 en PLOS ONE, una revista con revisión por pares, bajo el título «Earliest evidence for invasive mitigation of dental caries by Neanderthals». Lo firma el equipo de Alisa Zubova, del Museo Pedro el Grande de Antropología y Etnografía de la Academia Rusa de Ciencias.

La antigüedad de unos 59.000 años corresponde a la capa de sedimento de la cueva de Chagyrskaya donde apareció el molar. La conclusión sobre el taladrado se apoya en tres cosas combinadas: el estudio de las marcas, la microtomografía del interior del diente y la reproducción experimental del gesto con herramientas de piedra.

Conviene no estirar el hallazgo más de lo que da: documenta lo que le pasó a un individuo, no la existencia de una profesión.

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